"La casa de papel" bajo la lupa, ¿con ellos o contra ellos?

En esta era de mundo seriado que nos toca vivir, donde parece que las coordenadas de lo “in” y lo “out” de los espectadores tiene que ver con lo que vemos y dejamos de ver en la TV siempre hay uno, dos o tres títulos que se llevan los laureles por temporada. Fue el caso de “The Game of thrones”, “House of cards” o “Braking  Bad” años anteriores y parece ser que lo es en esta primera parte del año para “La casa de papel”, un policial con tintes dramáticos ¿románticos? por momentos, de origen español que ha escalado a velocidad de la luz su popularidad en todo el mundo.

Como uno de esos fenómenos locales que sólo algunos –pocos- logran, lo cierto es que la historia que fue estrenada en mayo de 2017 en España y recibida de muy buena manera por sus coterráneos, terminó con una audiencia calificada de excelente meses después en todo el mundo, consiguiendo una popularidad jamás imaginada. Allá en España, y con algunos altibajos, mantuvo un rating respetable a lo largo de su proyección por la señal Antena 3, y de hecho su final lo vieron alrededor de un 12% del encendido total en la pantalla española (algo así como 1.8 millones de personas), según lo señala el portal ABC.es. Número que luego comenzó a multiplicarse de manera exponencial a partir de la apuesta hecha por la plataforma Netflix al comprar los derechos, y pasara a titularse “Money heist” para el público no hispano.

Así fue que llegó hasta nuestros pagos (aunque por supuesto el rumor había corrido con más velocidad en redes y la serie se podía ver por circuitos informales), donde encontró también un público que se emparentó rápidamente con este grupo de delincuentes que un día se apoderaron de la Casa de la Moneda y Timbre de Madrid para robar nada más ni nada menos que 980 millones de euros. Y de un día para el otro todos hablaban del profesor, de Berlín, de Tokio y de Río, cantaban “Bella Ciao” y bromeaban en pantalla con una máscara de Dalí. Quien no entendía los códigos, por supuesto, quedaba fuera del juego.

Pero, ¿qué tiene de interesante esta serie?

Vamos a ser sinceros, un guión donde un puñado de delincuentes que no tienen mucho que perder busca dar el gran golpe de sus vidas, es historia conocida tanto en cine como en TV. Donde una mente prodigiosa puede orquestar desde el más solitario de los silencios un plan sin fisuras donde está planeado hasta el mínimo de los detalles, también lo hemos visto en pantalla. Hasta ahí, la sinopsis de la serie que nos cuenta de una toma de rehenes en un edificio público, rodeado  de policías y francotiradores suena a otras tantas y puede que nos tiente más por la curiosidad del desenlace que la trama en sí.

Resulta, que aquí, lo que mantendrá atento al espectador no será tanto saber cómo cuernos saldrán vivos de allí, sino la historia que devela cada uno de los delincuentes capítulo a capítulo, y lo que se genera en ese paréntesis que es el atraco en sí, donde el límite entre  santos y pecadores, capturados y atracadores comienza a difuminarse.

Por eso, “La casa de papel” mantiene en vilo a quien la vea, no por su guión ni por la tensión del trhiller, sino por el relato dramático que a cuenta gotas van soltando quienes la relatan. Tanto “el profesor” (interpretado por un Álvaro Morte que ha cuidado la construcción al máximo de un tipo obsesivo), como los ocho maleantes que recluta para realizar el golpe de sus vidas (Tokio, Moscú, Berlín, Helsinsky, Denver, Oslo, Río y Nairobi) o la inspectora Murillo, irrumpen al principio con toda la fuerza, pero una vez que baja la espuma, y cuando la adrenalina del caos decae, se van presentando de a uno frente al espectador, seduciendo más por lo que esconden que por lo que muestran.

Incluso ha sido muy astuto por parte de su creador (Alex Pina), otorgarle a cada uno de los integrantes del grupo de desconocidos un nombre de país con el que rápidamente el público se siente emparentado. La regla interna de los delincuentes es no saber nada el uno del otro y no tener relaciones personales. Berlín no sabe nada de Tokio y Tokio no sabe nada de Berlín. Nosotros, como espectadores, tampoco sabemos nada de ellos, y de alguna manera, al nombrarlos así, desde afuera nos ponemos casi a la altura de ellos. Pero la regla se quiebra tanto desde adentro como desde afuera, y a medida que la historia corre, será imposible no empatizar con lo que cada uno de ellos comienza a contarnos.

La construcción de cada uno de los personajes es, quizás, lo mejor de la serie. Los diálogos, miradas, gestos, son como pequeñas fisuras que cada uno de ellos empieza a mostrar, para que descubramos que detrás del ladrón hay antes un pasado de dolor: tal vez un niño abandonado, una madre drogadicta, una infancia trágica o un episodio de violencia. Y los que comenzaron siendo autómatas atracadores, ciudadanos al margen sin rumbo ni futuro feliz, terminarán siendo dueños de su propio destino. Es crucial así, la idea narrativa que se gesta con el correr de los capítulos, de cómo acciona en cada uno de ellos  la bisagra que genera el hecho de estar durante una semana aislados del mundo robando un edificio.

En el podio, por supuesto, estará Pedro Alonso (sacándole jugo a la palabra despiadado),  Alba Flores, en la piel de Nairobi (con una capacidad extrema de generar sensaciones con simples gestos o miradas) o  Jaime Menéndez Lorente (Denver, acaso el personaje que más claroscuros ha sabido generar y más ha crecido en toda la serie).

Con dos temporadas en total (hubo rumores en twitter de una tercera sin nada confirmado), “La casa de papel” es una serie que se puede comer de un bocado (de hecho se hace larga para un atraco que se cuenta en horas), y que si bien a veces se torna predecible (sobre todo los últimos capítulos) no defrauda, sabe mantener la tensión y reinventa el clásico de los malos buenos y los buenos malos.

Si todavía no la viste y te tentaste, te dejamos entonces el tráiler de esta serie que hasta llegó a sacarle el puesto en Youtube a “Despacito” siendo el video más reproducido, y trepó al número 22 entre las «series más populares» del momento en todo el mundo, por delante de «The end of the f***ing world», «Cómo defender a un asesino», «Big Bang» o «The Crown», según el portal LMBd.

Por Florencia Vercellone, de Babilonia Literaria.

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