Una intensa polémica atraviesa a Estados Unidos tras las declaraciones de Erika Kirk, dirigente de la organización conservadora Turning Point USA (TPUSA) y viuda del activista Charlie Kirk. Durante el Women’s Leadership Summit 2026, realizado en San Antonio, Texas, Kirk y otras referentes del movimiento conocido como tradwife promovieron el denominado “voto por hogar”, un sistema mediante el cual el esposo emitiría un único voto en representación de toda la familia.
La propuesta, que implicaría que las mujeres dejaran de ejercer individualmente uno de sus principales derechos políticos, generó una inmediata reacción en sectores políticos y sociales. El derecho al voto femenino está garantizado en Estados Unidos desde la aprobación de la 19.ª Enmienda de la Constitución, ratificada en 1920, que establece que el sufragio no puede ser negado ni restringido por razones de sexo.
Durante el encuentro, la influencer Savanna Faith Stone, identificada con el movimiento tradwife, sostuvo que el feminismo constituye “la mentira más grande” que les vendieron a las mujeres, al considerar que debilitó la institución familiar y el matrimonio. En esa línea, propuso que los hombres representen políticamente a toda la familia, bajo el argumento de que las mujeres suelen inclinarse por candidatos más liberales.
Por su parte, Erika Kirk profundizó la crítica al feminismo, afirmando que este movimiento presenta la maternidad como una carga, el matrimonio como una trampa y a los hombres como enemigos. Desde una perspectiva cristiana, defendió que hombres y mujeres fueron creados para complementarse y no para competir entre sí. “La Biblia nos recuerda que hombres y mujeres fueron diseñados para depender unos de otros, para apoyarse, para construir juntos”, expresó.
Tras el evento, varias asistentes manifestaron que estarían dispuestas a perder su derecho al voto si eso permitiera fortalecer un modelo político más alineado con los valores conservadores. Aunque la propuesta no forma parte de ningún proyecto legislativo ni se encuentra en discusión en el Congreso, el debate volvió a instalarse en los espacios políticos de ultraderecha.
El contexto coincide con estudios que muestran que las mujeres tienen una elevada participación electoral en Estados Unidos y que, en términos generales, el voto femenino suele inclinarse hacia posiciones progresistas, especialmente entre las generaciones más jóvenes.




































