Dormir con un perro o un gato es una práctica cada vez más frecuente en los hogares y suele asociarse con afecto y compañía. Especialistas en veterinaria y descanso destacan que la cercanía con la mascota puede reducir el estrés, la ansiedad y generar sensación de seguridad, además de reforzar el vínculo emocional entre humanos y animales. En el caso de los gatos, el ronroneo puede incluso producir un efecto relajante que facilita conciliar el sueño.

Sin embargo, los expertos advierten sobre ciertos riesgos. La Cleveland Clinic señala que compartir la cama puede provocar alergias, problemas respiratorios, transmisión de parásitos o alteraciones del sueño por movimientos nocturnos de la mascota. También aumenta la acumulación de bacterias y suciedad en la ropa de cama, y en algunos casos, las conductas territoriales del animal pueden dificultar establecer límites. Personas con sistemas inmunológicos debilitados o alergias severas deberían evitar esta práctica.
Para minimizar riesgos, los especialistas recomiendan mantener controles veterinarios al día, desparasitar a los animales y extremar la higiene de la mascota y la cama. Otra alternativa es permitir que el animal duerma en la misma habitación pero en su propia cama, logrando cercanía sin compartir el colchón.
En conclusión, dormir con un perro o un gato no es intrínsecamente bueno ni malo: todo depende del contexto, la salud y los hábitos de cada hogar. Con información y cuidados adecuados, esta costumbre puede ser una experiencia placentera y segura tanto para los dueños como para sus mascotas.

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