23/02/2026

Un parlamento que nos avergüenza

Hay momentos en los que la política no genera enojo, sino algo peor: vergüenza ajena. Así lo planteó José Ravalli al abrir una nueva emisión de Entretiempo, con una crítica directa al funcionamiento del Congreso argentino y a las conductas recientes de sus integrantes.

“El parlamento debería ser el Palacio de las leyes, el lugar donde se debaten ideas para alcanzar el bien común. En teoría debería ser así. Sin embargo, uno se sonroja”, sostuvo.

Ravalli puso el foco en el significado de la palabra “honorable”, utilizada para referirse tanto a la Cámara de Diputados de la Nación Argentina como a la Senado de la Nación Argentina. “Honorable significa digna de ser respetada, íntegra y recta. Y muchos de ellos no han mostrado nada de eso”, cuestionó.

Escenas que degradan la institución

El conductor recordó distintos episodios que, según su mirada, deterioraron la imagen del Parlamento. Desde discusiones a los gritos en plena sesión, hasta el recordado cruce entre legisladores que terminó con agresiones físicas en un rincón del recinto.

También mencionó situaciones como legisladoras arrojándose agua en medio del debate, micrófonos desconectados para impedir intervenciones de la oposición y escenas insólitas vinculadas a debates sobre la vacuna contra el COVID-19 que generaron polémica pública.

“Parece un chiste, pero no lo es. Son escenas que vimos en el lugar donde deberían discutirse las leyes que rigen nuestra vida cotidiana”, enfatizó.

El llamado a la reflexión

Para Ravalli, más allá de la indignación, el desafío es pensar qué herramientas tiene la ciudadanía frente a este escenario. Y allí apuntó directamente al voto.

“Tal vez el único mecanismo que tenemos es el más cercano y razonable: cuando llegue la hora de votar, recordar estos episodios”, expresó, al señalar que muchos dirigentes permanecen durante años en cargos legislativos sin que exista una evaluación real de su desempeño.

En el tramo final, fue todavía más contundente: cuestionó los privilegios, los salarios y la permanencia en el Estado de dirigentes que —según dijo— difícilmente tendrían los mismos ingresos en el ámbito privado.

“Solamente eso, para que lo reflexionemos”, cerró.

La editorial dejó planteada una crítica dura hacia el funcionamiento del Congreso y abrió un interrogante incómodo: ¿está el Parlamento a la altura de la representación que la sociedad merece?

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