Entre lo que ya se instala como una "revolución energética", la Argentina certificó reservas de gas —especialmente del no convencional— que la ubican como el segundo país con mayores reservas del mundo. El dato es impactante, incluso sin tener en cuenta la cuenca de Palermo Aike, en Santa Cruz, aún en proceso de comprobación de su volumen, ni la cuenca marina que actualmente se explora.
Sin embargo, cada invierno se repiten episodios de faltante, especialmente en el centro del país, que obligan a restringir el suministro a industrias y estaciones de servicio para evitar que los hogares se queden sin gas para calefaccionarse.
Algo falló. Se comenzó a explotar el megayacimiento de Vaca Muerta, desde donde ya se trabaja en dos gasoductos hacia el Golfo San Matías, donde el gas será licuado para exportarlo a Europa y Asia. Sin embargo, el país sigue importando cargamentos de gas natural licuado para cubrir el pico de demanda del invierno.
La principal falencia radica en la falta de inversiones que sufrió el sector energético durante los últimos 25 años. Hace apenas dos temporadas se puso en marcha el gasoducto Néstor Kirchner, ahora denominado Perito Moreno, que transporta un caudal de 21 millones de metros cúbicos diarios hasta la provincia de Buenos Aires. Las obras de ampliación, que elevarán esa capacidad a 35 millones de metros cúbicos diarios, recién estarán terminadas el año próximo.
El resto del suministro que llega al centro del país proviene de los históricos gasoductos Neuba I y II, desde la cuenca neuquina tradicional, y especialmente del gasoducto San Martín, por el que circula alrededor del 20 % del gas que consume la Argentina y que transporta la producción proveniente de la costa marina de Tierra del Fuego.
El Gasoducto del Norte, con nodo en La Carlota, ahora opera en sentido inverso porque ya no llega gas desde Bolivia. A partir del año próximo, cuando finalicen las demoradas obras de repotenciación, podría transportar hasta 19 millones de metros cúbicos diarios.
En períodos normales, la Argentina consume en promedio cerca de 160 millones de metros cúbicos diarios de gas natural, pero durante los picos de demanda provocados por las bajas temperaturas ese consumo puede elevarse hasta entre 170 y 180 millones.
Con las obras actualmente en marcha, el pico de demanda del próximo invierno estaría cubierto. Sin embargo, si el país logra despegar económicamente, las necesidades energéticas también crecerán.
Para resolver definitivamente estas dificultades se analizan alternativas como la construcción de un nuevo gasoducto hacia Brasil, que permita exportar parte del gas y abastecer localidades a lo largo de su recorrido, o aprovechar parte del gas licuado en las costas de Río Negro para transportarlo por barco y regasificarlo en las plantas del Delta.
Daniel Montamat planteó una alternativa utilizada en Holanda: instalar tanques de almacenamiento de gas natural licuado para conservar parte del excedente que no se utiliza durante el verano y reinyectarlo, una vez regasificado, durante los picos de consumo invernales. Todas son soluciones viables, aunque requieren inversiones de varios cientos de millones de dólares.
Como observación de estilo, el artículo mejora mucho reemplazando expresiones como "faltante", "cerrar el grifo" o "importar barcos" por términos técnicos más precisos. También conviene evitar comenzar dos oraciones seguidas con "Recién", ya que genera una repetición innecesaria.























