Aunque asome como un suspiro transitorio en el medio de la ciénaga, al Gobierno nacional podría sostener sin problemas a Guillermo Francos. La moción de censura, agitada por el ala dura del kirchnerismo, no prosperaría en el Congreso a partir de una decisión que comprende Córdoba.
El dictamen contra Francos lleva la firma, entre otros, del diputado Carlos Gutiérrez –la principal espada de Juan Schiaretti en la Cámara Baja-, pero esa rúbrica no se traducirá en apoyo a una eventual destitución del jefe de Gabinete.
En las últimas horas, Schiaretti decidió que debe alejarse en las posturas extremas del kirchnerismo para no perder votos que se originan en el centro político cordobés, donde puja con la Libertad Avanza. La misma postura anida en casi todo el variopinto arco político de Provincias Unidas.
Francos fue cuestionado por la oposición por negarse a cumplir con la llamada ley de Discapacidad, después de que el veto del presidente Javier Milei fuera volteado por los dos tercios de ambas cámaras.
Esa buena le llega a la administración de Milei en medio de una fuerte presión de los mercados y del FMI, que en las últimas horas pidió que se compren más reservas y que Milei vuelva a mostrar fortaleza política, a partir de restablecer los acuerdos que se dinamitaron.
Entre tanto pesar, y como se dijo en una columna anterior, Estados Unidos promete respaldo, pero demora en ejecutarlo por presiones de un sector del Partido Republicano que no entienden por qué el dinero de los “contribuyentes” se debería utilizar para ayudar a un país tan incumplidor y a un gobierno que no da señales de fortaleza política.



























