Cuando desensille en el anfiteatro de Jesús María, este viernes y con la luna alumbrando la medianoche, el presidente Javier Milei no sólo intentará ratificar su potencia política en Córdoba, sino que avanzará con un lenguaje gestual hacia la interna local que no necesitará del payador para ser interpretado.
Cuando restan horas para someterse a lo que espera será una aprobación del anfiteatro colmado, el entorno del mandatario se aseguró que la comitiva local que lo acompañe tenga un solo jinete apadrinado: Grabriel Bornoroni.
Con Luis Juez jugando casi de costado y sin hacer sombra, el radical Rodrigo de Loredo intenta –por ahora sin resultado- ser uno de los que compartan el ingreso triunfal junto a Milei. Pero, como entiende que su tobiano está mancado, el ex legislador optó por anticiparse 24 horas y emprender una visita con una tropilla de paladar radical.
Todavía eufórico por el resultado de las elecciones legislativas de octubre pasado, Milei entiende que su candidato a gobernador tiene que corresponder al mismo esquema: libertario puro.
De este modo, comenzará un año que estará cargado de presiones y operaciones con la convicción para la Rosada de que De Loredo y Juez no le aseguran una victoria en las elecciones para gobernador del 2027.
En su introspección, el Presidente interpreta que al desgastado peronismo cordobés le tiene que jugar también con una figura disruptiva, más allá que Bornoroni tiene algunos meses más en la política que Gonzalo Roca, quien ganó las elecciones a diputado nacional sólo con decir que era “el candidato de Milei”.
Aunque parezcan lejanas, las definiciones para las elecciones del 2027 no tardarán llegar. Se debe a que el oficialismo provincial vuelve a considerar que deben adelantarse a las nacionales, por lo que se estima un escenario probable para dentro de 15 o 16 meses.
Entre tantas boinas, espuelas y rastras se estima que el Presidente no tendrá una recepción con pompa por parte del Gobierno provincial, que ya mandó varios emisarios a tantear el terreno donde pululan jóvenes ataviados de gauchos y chinas.
En el panal afilan los facones porque ven que se dilata una solución económica a los reclamos por la Caja –ni hablar de los subsidios al transporte- y, por otro, consideran que un candidato de la libertad avanza puede hacer peligrar la continuidad en el poder, para el caso de que el mandatario llegue al año que viene con buena estrella.


























