03/09/2026

Malvinas: a no comerse la curva

Islas Malvinas

Con el agite realizado por los jugadores de la selección argentina en el Mundial pasado, el tema Malvinas volvió al escenario. En realidad, el Gobierno reactivó un objetivo político que viene masticando desde el año pasado con vistas a sumar un elemento positivo a la campaña electoral.

No se trata de conseguir la soberanía inmediata, algo imposible, sino de dar un paso que ubique a Javier Milei es un escenario distinto al que fue considerado cuando elogió a Margaret Thatcher y la señaló como una referencia política del liberalismo mundial.

La carta argentina para lograr algún tipo de status diferente, como ser la posibilidad de “territorio bajo dos banderas”, pasa por el interés de Donald Trump de controlar el Atlántico Sur con mano dura para evitar la influencia de China, algo que Gran Bretaña por sí sola no garantiza.

No obstante, las últimas expresiones pública de Trump se muestran más como un berrinche que como una embestida concreta para cambiar la posesión de Malvinas. El titular de la Casa Blanca le reprocha a Londres no apoyar su aventura en Irán y como represalia vuelve a instalar la situación colonial de las islas.

En las últimas horas, Trump volvió a mojarle la oreja a Gran Bretaña al recordarle que las Malvinas son islas que les quedan “demasiado lejos” y que Estados Unidos fue una pieza importante a su favor en el conflicto de 1982. Parece una posición que busca asustar, simplemente.

Por eso, es importante que el Gobierno argentino no caiga en el juego entre dos países que tienen una relación de cooperación política y militar que trasciende a los mandatarios de turno. Milei no debería “comerse la curva” del regaño estadounidense.

Lo que estuvo y está sondeando Estados Unidos sobre Malvinas es cambiar la base militar británica por una de la Otan, pero con influencia directa del Pentágono por ser en territorio americano, y hacerlo bajo la instancia de “dos banderas” para lograr el consenso de Argentina, que tiene el placet de “aliado extraterritorial” de esa alianza.

El cambio de status es complejo porque en el medio está el deseo de los kelpers de no tener ningún tipo de trato con Argentina y no resignar los intereses económicos que se encuentran en la pesca y la flamante explotación petrolera.

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