Como si fuera una concesión y no una obligación, el Gobierno volvió a atender a los periodistas en la Casa Rosada –aunque con lamentables excepciones– después de varios días de candado. Lejos de comprender que el periodismo es clave en la democracia, ya que actúa de puente entre el poder y la gente, desde el presidente Javier Milei para abajo, lo demonizan.
La interpretación de la función de los periodistas vista desde el poder no es la natural de “control” o “fiscalización”. Para varios gobernantes –esto no es propiedad exclusiva de Milei–, la prensa debiera limitarse a comunicar lo que bajan los órganos oficiales: un mero rol de propaganda, promoción o difusión.
La distancia entre esa función y la real del periodismo es intangible, pero no suele ser comprendida desde la cima. A veces es por estrategia, como lo hacía Cristina Fernández en ese juego de amigo-enemigo, pero no parece ser el caso del mandato actual.
Milei no tiene una oposición consolidada, la CGT ve cómo se desgranan los cordones industriales sin encontrar cómo enfrentarlo y la macroeconomía le sonríe por los números de la energía y el agro.
Sin embargo, esos puntos no tienen complemento en la economía doméstica y el Presidente entra en modo cable pelado. Ahí encuentra a la prensa y a algunos empresarios como los representantes de Lúcifer desafiando a las “fuerzas del cielo”. Lectura simplista, pero agotadora para una gran parte de la ciudadanía que confió en que el personaje y su caricatura terminaran al asumir la responsabilidad de Gobierno.
El Presidente va contra molinos de viento que cambian de dirección. Al ritmo que afecta a la salud, a los jubilados, a la educación y a las pymes sin ponerle una contención, el camino de la reelección se le hace cuesta arriba. Sostener en el cargo a funcionarios marcados por sospechas, como Manuel Adorni, acelera el desgaste.
Su diatriba lo está dejando solo. Mauricio Macri y el “círculo rojo”, entre otros, confiaron en él y lo empujaron al poder, pero ya no le creen. Ya no confían. Y la culpa no es de los periodistas.



























