Un grupo de gobernadores afines (bueno, no tanto) al presidente Javier Milei lo acompañarán en reuniones de negocios en la capital francesa, pero una silla estará vacía: Martín Llaryora desistió de la invitación oficial por un par de motivos bien claros.
El gobernador prefirió delegar en funcionarios de tercera línea las gestiones ante los empresarios de la Unión Europea en favor de Córdoba, para atender asuntos cercanos que están directamente vinculados a su intento reeleccionista.
Mientras resuena el desafío que le acaba de hacer Luis Juez, quien insiste en ser el candidato que lo enfrente por la Gobernación, posiblemente en abril de 2027, Llaryora hizo saber a su entorno que prefería seguir con las recorridas de campaña antes que caminar por Montmartre o disfrutar del bulevar de Saint-Germain.
Al mandatario cordobés lo urgen cuestiones internas que quiere solucionar antes de que se conviertan en un problema concreto. Y ello aparece ahora como más importante que atraer una posible inversión europea para la provincia.
El frente que podría abordar esta semana es el que le abrió Natalia de la Sota. Según cercanos a ambos, está en agenda un encuentro para acercar posiciones y, posiblemente, desactivar la posibilidad de que la hija del exgobernador juegue sola en la elección provincial.
En el Panal creen que la diputada nacional le podría limar alrededor de diez puntos, un número muy importante si la oposición acuerda un frente para disputarle el trono. El acuerdo contemplaría la libertad de acción para la campaña nacional, donde hay un escenario abierto en el PJ y De la Sota coquetea entre Sergio Massa y Axel Kicillof.
La otra cuestión que Llaryora afronta en el pago chico es cómo superar el papelón que hizo su Gobierno en el Senado cuando se votó la exclusión de Córdoba del régimen de zonas frías para los subsidios al gas natural.
El mandatario se mostró en contra y no quiere seguir mal parado ante más de 700 mil cordobeses, pero lo cierto es que nadie de su partido defendió a Córdoba en la Cámara Alta.
Alejandra Vigo, la única senadora nacional que tiene el oficialismo cordobés, se ausentó y afectó directamente al Gobernador, más allá de que su presencia y su voto no iban a definir el partido.
No habrá una ruptura pública con Juan Schiaretti y su esposa, pero en el Panal creen que el viaje que realizaron al exterior se podía haber evitado para que Córdoba tuviera su defensa en el recinto y el Gobernador pudiera mostrar que no entregó sin pelear a sus comprovincianos.
























