El día de “el gol imposible” de Ernesto Grillo, marcado el 14 de mayo de 1953, Argentina le ganó a Inglaterra por 3-1 y se convenció de que, si podía vencer a los “inventores” del fútbol, tendría un futuro próspero en lo que desde varias atrás décadas era el deporte más popular en el país.
Los ingleses ganaron en los enfrentamientos mundialistas de 1962 y 1966 (el día que Antonio Rattín estrujó el banderín del córner), lo que dio lugar a un tiempo de rivalidad exacerbada, siempre en el plano deportivo. Argentina triunfó en 1986 y 1998 y volvió a ver la derrota en 2022.
La Guerra de Malvinas, en 1982, abrió un escenario completamente distinto al que tenían dos países con estrechas relaciones comerciales y culturales desde fines del siglo 19. El desarrollo de los ferrocarriles por medio de empresas británicas había acercado, entre otras cosas, varios deportes: tenis, fútbol, golf y rugby, principalmente.
Sin embargo, la maldita guerra dejó huellas de resentimiento y dolor que perdurarán. Ahora, un partido de fútbol no es la guerra, ni esta se puede replicar dentro de un campo deportivo. Una comprende aspectos como la muerte, el dolor, la supervivencia y, hasta, el orgullo de un país; la otra, no trasciende el marco de la felicidad o la tristeza pasajera por un resultado deportivo.
Diego Maradona tiró sobre la mesa “la cuestión Malvinas” para activar a sus compañeros, algo apesadumbrados por tener que enfrentar un equipo, a priori, superior en los cuartos de final del Mundial 86. Nunca imaginó cuanta confusión trajo a sectores que siguen pensando que un conflicto bélico se puede vengar con goles. Las heridas que dejó la metralla no se curan con el cuero de una pelota.
El entrenador Lionel Scaloni fue tan lúcido como Carlos Bilardo, en aquel México 86: “Sólo se trata de un partido de fútbol”.
Es cierto que sigue presente el dolor por lo ocurrido, que madres y padres siguen soñando con que su hijo regrese a casa y que la Argentina tiene derechos sobre su tierra, pero el reclamo nunca puede (ni debe) salir el ámbito diplomático. Por un lado, las Naciones Unidas; por el otro, la Fifa.
Este miércoles, la mirada no debiera correrse de lo que pasa en el campo de juego estadio de Atlanta. Después de todo, si al gol de Grillo le sucedió otro “imposible” el 86 por qué no podría haber un tercero.
























