Se abrió la puerta de un mes que parecerá un año. Este octubre del 2025 puede marcar otro punto de inflexión en la democracia moderna de la Argentina. Hay dos caminos: uno va hacia un poder construido a base de madurez y consenso. El otro, hacia una nueva y dolorosa frustración.
El Gobierno de Javier Milei, frágil desde su concepción, está en su peor momento más por errores propios que por ajenos. Llega a las elecciones de medio término con poco aire. Según el último estudio de la Universidad Torcuato Di Tella, el índice de confianza se desgrana día a día.
El mercado, que por algunas horas respetó el acuerdo con los Estados Unidos, volvió este martes a presionar fuerte. A media rueda el dólar llegó a 1450 pesos y llevó al Tesoro a poner en la mesa parte de lo comprado en los últimos días.
El camino sensato para el 27 de octubre (el día después que “hablen” las urnas) comenzó a trazarse el último domingo. Según lo reconoció en las redes sociales, Mauricio Macri olvidó el destrato y se sentó a hablar con el Presidente para intentar darle volumen político. Lo hizo público justo cuando los mercados volvían a arder.
Macri será clave en la gobernabilidad futura, gane o pierda La Libertad Avanza el domingo 26. Pero sólo con él no le alcanzará al Gobierno para frenar las embestidas del kirchnerismo en el Congreso.
Cualquier acuerdo está sujeto a que Milei baje su soberbia y se preste a un diálogo franco con la oposición menos belicosa, que le va a pedir cambios al plan económico y participar de las decisiones.
El respaldo condicionado para evitar “un golpe blando” ya se lo hizo saber Juan Schiaretti, quien desde Provincias Unidas aspira a armar un bloque en el Congreso que, sumado a las bancas que pueda juntar el PRO y algunos partidos provinciales, le aporte al Presidente una línea defensiva que lo reacomode en el poder.
Aunque le cueste al Gobierno resignar algunas de sus consignas, estaría lejos de pagar el costo político de quedar aislado y a la espera del verdugo.


























