El abrazo bien apretado entre el padre y sus dos hijos apenas significó un alivio parcial. Estigmatizados, culpados y destruidos por un sistema judicial incompetente y anacrónico, los Macarrón siguieron el Jury a los fiscales como una necesidad íntima. Pero lo demostrado en el proceso es tan complejo como grave.
¿Cuántos fiscales como Di Santo, Miralles o Pizarro anidan hoy en la Justicia de Córdoba? ¿Cuántos jueces, secretarios o “pinches” subsisten dentro de ese Leviatán?
Las derivaciones de la investigación por el crimen de Nora Dalmasso abren una serie de interrogantes sobre cómo funciona la Justicia y qué peligros representa para los ciudadanos un sistema que, a la luz de los hechos, resulta injusto.
El sistema de selección, ascensos e ingresos, entre otros aspectos, parece haber quedado bajo sospecha. Resulta difícil comprender cómo tres fiscales pudieron cometer tantos errores en uno de los casos más resonantes de lo que va del siglo.
Pese a los cambios registrados en la sociedad, la Justicia cordobesa se movió con criterios anacrónicos, homofóbicos, machistas y estigmatizantes. Todavía parece posible investigar un crimen desde la lógica de “la víctima mala”, como ocurrió con Nora Dalmasso.
Por la salud moral de los cordobeses, urge que el Tribunal Superior aclare lo sucedido, pida disculpas y revise las actuaciones a partir de los errores demostrados por tres funcionarios de alto rango de un sistema que debería tender a la excelencia y no a la imperfección exhibida.
Una mujer fue humanamente descuartizada en su intimidad y dos miembros de su familia, como si no tuvieran suficiente con el dolor por la muerte y el escarnio posterior, fueron sospechados e imputados sin que mediara la más mínima prueba.
Muchas veces se cuestionaron los procedimientos judiciales, pero también el sistema de privilegios que se esconde detrás de concursos y promociones hacia oficinas donde se deciden investigaciones y juzgamientos. Lo ocurrido el miércoles, al menos, deja abierta la duda.
En Córdoba, donde se estudia Derecho desde los tiempos de la colonia española —en los claustros más antiguos del sur de América—, deberían garantizarse procesos judiciales intachables, llevados adelante por funcionarios con idoneidad probada. Tan obvio como olvidado.
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