En el inicio de su columna “Barricada”, Carlos Hairabedian tomó una experiencia cotidiana en un restaurante como punto de partida para reflexionar sobre el hambre, la desigualdad y las realidades que atraviesan distintas regiones del mundo.
De un plato en la mesa a las imágenes del hambre
La escena comenzó con una elección del menú ejecutivo: un ave rellena con espinaca y vegetales. La presencia del animal entero en el plato le generó una impresión particular y lo llevó a reflexionar sobre las costumbres, los gustos y las diferentes maneras de relacionarse con la comida.
Finalmente, decidió dejar el ave a un costado y quedarse con el risotto. Pero la situación continuó dando vueltas en su cabeza. “¿Cuántas aves se requerían para la cantidad de comensales que había?”, se preguntó, convirtiendo aquella escena cotidiana en el disparador de una reflexión más profunda.
A partir de allí, su pensamiento se trasladó a Ucrania, Sudán y Gaza, lugares atravesados por conflictos y crisis humanitarias. La abundancia de un plato en una mesa contrastó, en su mirada, con las realidades de quienes deben sobrevivir con lo mínimo y para quienes cualquier alimento puede representar una necesidad urgente.
























