La negociación no fue improvisada. Un cuarto de siglo de cafés, especialmente en bares de Bruselas, y un minucioso punteo de números y legislaciones pasaron hasta llegar a la firma del histórico tratado entre el Mercosur y la Unión Europea.

Será, por ahora, el pacto de libre comercio “mais grande do mundo” (como les gusta decir a los brasileños), ya que abarcará a 720 millones de personas. Se estima que el 90 por ciento del intercambio tendrá arancel cero.
De un lado y otro del Atlántico miran de reojo las oportunidades que amanecerán apenas lo apruebe el Parlamento Europeo (el organismo que falta), y también las sombras que cubrirán los sectores hasta ahora más protegidos de la economía.
En Córdoba, donde se combinan sectores de la industria metalmecánica con la agroindustria y la producción primaria, se abren tantas oportunidades como preocupaciones.
Como todo acuerdo, el trazado no resulta lineal para los distintos sectores y anticipa que habrá ganadores y perdedores en el comercio con Europa.
Entre los ganadores claros a nivel del territorio cordobés estará la agroindustria, el maní, alimentos (como los lácteos), biocombustibles y seguramente la prestación de servicios tecnológicos.
El tema agropecuario fue uno de los más discutidos y llevó al voto negativo de Francia, donde sus productores hace años que realizan protestas en contra del ingreso de la competencia sudamericana. Una paradoja que en el “viejo mundo” teman a la eficiencia los nietos de sus emigrantes de fines del siglo 19.
En cambio, se vislumbra un panorama complejo para la industria automotriz, los autopartistas, las Pyme metalúrgicas y la industria textil. Tal vez, la presencia en Córdoba de automotrices europeas como Stellantis (ex Fiat), Renault y VW atenúen el impacto. Para subsistir, estos sectores deberán ajustar sus patrones de eficiencia y calidad.

El panorama muestra que Córdoba podría incrementar sus exportaciones en los sectores donde ya es muy competitiva, pero afrontará dificultades en los sectores industriales radicados en la Capital.
Hay mucha expectativa sobre la llegada de capitales destinados a la producción, porque la seguridad jurídica será supranacional. Ahora, la mayoría de los economistas considera que el flujo de inversiones europeas irá dirigido al complejo petróleo/gas y a la minería del alto valor.


























