La noticia del fallecimiento de Carlos “Indio” Solari, ocurrida este viernes 5 de junio a los 77 años en su casa de Parque Leloir, conmocionó al mundo del rock argentino. El músico padecía Parkinson y se había retirado de los escenarios en 2017, aunque se mantuvo activo en la música y la escritura hasta sus últimos días.
Figura central del rock nacional, el ex líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota dejó un legado que trasciende generaciones. Su voz, sus metáforas y su magnetismo lo convirtieron en un referente de la contracultura y en uno de los artistas más enigmáticos de las últimas décadas.
Fundó Los Redondos en 1975 junto a Skay Beilinson, marcando una estética propia y una independencia artística que se reflejó en nueve discos de estudio hasta la disolución de la banda en 2001. Obras como Oktubre, Un baión para el ojo idiota y Luzbelito forman parte del repertorio esencial del rock argentino.
Tras la separación, inició su etapa solista con álbumes como El tesoro de los inocentes (2004), Porco Rex (2007), El perfume de la tempestad (2010) y El ruiseñor, el amor y la muerte (2018). Su último recital masivo fue en Olavarría en 2017, donde quedó en evidencia la dimensión popular de su convocatoria.
En 2016, el Indio sorprendió al anunciar públicamente que padecía Parkinson, enfermedad que lo obligó a alejarse de los escenarios. Sin embargo, encontró nuevas formas de seguir cerca de su público, incluso recurriendo a conciertos virtuales mediante hologramas.
Su partida marca el cierre de una etapa para miles de seguidores que encontraron en sus canciones una voz propia y un refugio cultural. El Indio Solari deja una huella imborrable en la música y en la historia argentina.



































