Lo que comenzó como una tradición familiar se convirtió en un desafío emocional para Tammy Gaddis, de Maryland, Estados Unidos. En 1992, la mujer se casó en Tulsa y decidió conservar su vestido de novia mediante un servicio especializado que limpió y guardó la prenda en una caja sellada, con la ilusión de que algún día su hija pudiera lucirlo.
Tras 33 años, la mujer abrió la caja junto a su hija, quien se casará este verano. La sorpresa fue mayúscula: “Inmediatamente supe que no era mi vestido”, relató Gaddis a News on 6. Aunque la prenda era similar, la cauda era diferente; el vestido que tenía frente a sí contaba con más volumen y una cola fija, mientras que el suyo era desmontable.
Desconcertada, Tammy intentó contactar a la empresa de conservación, pero descubrió que había cerrado hace años. La pérdida no solo era material, sino también sentimental: el vestido representaba su historia y el deseo de transmitir ese legado a su hija. Para intentar recuperarlo, Gaddis lanzó un pedido público en redes sociales, solicitando que otras novias que usaron el mismo servicio revisen sus cajas Keystone doradas, por si alguna contiene por error su vestido.
“Pasé por una montaña rusa de emociones”, confesó, aunque mantiene la esperanza de que el vestido aparezca a tiempo para la boda de su hija. Mientras tanto, la historia de Gaddis recorre las redes y genera solidaridad entre miles de usuarios que siguen su búsqueda.

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