A casi ocho meses de su aprehensión, Guillermo Kraisman, exfuncionario municipal y referente del peronismo en la Seccional 12 de Córdoba, continúa detenido por la causa de defraudación al Estado en grado de tentativa junto a Luciana Castro. La causa se originó tras un intento de retirar $950.000 en la sucursal General Paz del Banco de Córdoba con una tarjeta a nombre de Virginia Martínez, contratada en la Legislatura, que naufragó por la detección de irregularidades.
Perfil Córdoba dialogó con Kraisman en el Complejo Penitenciario de Bouwer, donde brindó su versión de los hechos y apuntó a los acuerdos incumplidos con algunos dirigentes: “A Nadia no le cumplieron. Ellos acordaron conmigo y desde arriba no le cumplieron a ella”, aseguró.

Durante la entrevista, Kraisman detalló su accionar y defendió la intención de la visita al banco: “No tratamos de cobrar nada. Fuimos a retirar una tarjeta al banco. Hicimos el trámite administrativo como corresponde. ‘Está ahí en el cajero –le dicen a Castro–, ¿quieren ir a cobrarlo? Castro miró y dijo: Sí, pero no todo, dejen un monto para que impacte el alta de la tarjeta después de las seis de la tarde’”. Además, explicó que los contratos en la Legislatura eran parte de acuerdos territoriales y administrativos, firmados en conjunto con Nadia Fernández y Miguel Siciliano.

Kraisman también hizo un balance sobre su situación judicial y política: “La Justicia no me escuchó. Nunca tuve la posibilidad de decir lo que pasó. Después de ocho meses, ¿qué me van a escuchar? Me va a condenar. Ya está”. A la vez, sostuvo que no vive de la política y que planea retomar sus actividades comerciales y comunitarias al salir: “Tengo mi actividad comercial, un complejo de estacionamiento y locales. Cuando salga seguiré haciendo lo que siempre hice, trabajar con la gente”.
Finalmente, el exfuncionario reflexionó sobre los sistemas de contratación política y los errores que cometió: “Cometí un gravísimo error. Me dejé seducir por el sistema. Muchas veces esa seducción hace llegar a hacer cosas buenas y cosas malas. Si salen bien, el sistema te aplaude. Cuando salen mal, te eliminan del WhatsApp, se esconden en las oficinas, no comunican como tienen que comunicar. El que más se perjudicó soy yo”.

































