Las escuelas rurales del norte de Córdoba cumplen un rol que excede lo educativo: son el principal sostén comunitario y, en muchos casos, la única presencia estatal en territorios alejados. Así lo revela una investigación de la Universidad Nacional de Córdoba, que analiza las condiciones en las que funcionan estas instituciones y las desigualdades estructurales que enfrentan.
El estudio, dirigido por la especialista Laura Freyre, destaca especialmente el valor del plurigrado, una modalidad donde un mismo docente enseña a alumnos de distintas edades. Lejos de ser una desventaja, las maestras aseguran que potencia el aprendizaje colaborativo y habilidades sociales. “Favorece el intercambio de saberes y el respeto por los tiempos individuales”, subraya el informe.

Sin embargo, la investigación advierte sobre problemas persistentes, como la dificultad para garantizar la continuidad educativa tras la primaria y la falta de recursos didácticos adaptados a la ruralidad. A esto se suma la inestabilidad docente, que impacta directamente en la calidad educativa. “Cuando una docente permanece en el tiempo, logra un conocimiento profundo del territorio y sus necesidades”, remarca el trabajo.
Más allá del aula, estas escuelas funcionan como núcleos sociales clave, donde se articulan políticas alimentarias, sanitarias y de derechos. Programas como el Programa de Asistencia Integral Córdoba resultan fundamentales, aunque enfrentan desafíos logísticos. El informe concluye que visibilizar estas realidades es esencial para diseñar políticas públicas que acompañen y fortalezcan a estas comunidades.
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